El budismo no es una religión en el sentido de cómo es comprendida esa palabra, ya que no es un sistema de fe o alabanza, ni de lealtad a ningún ser sobrenatural. El budismo no demanda una fe ciega de sus seguidores. De hecho la palabra “creencia” es desechada y sustituida por confianza basada en sabiduría. La confianza de un budista (un estudiante de budismo) en Buda es como la confianza de una persona enferma en su doctor, o de un estudiante en su maestro.

El budista se refugia en Buda porque fue él el que descubrió el camino de la liberación. Un budista no se refugia en Buda con la esperanza de que va a ser salvado y purificado. Buda no da tal garantía. No está dentro del poder de un Buda lavar las impurezas de otros. De la misma manera que no podría purificar o profanar a alguien más. Buda, como maestro, nos enseña, pero somos nosotros mismos los que somos directamente responsables de nuestra purificación. Aunque un budista busque refugiarse en Buda, no se entrega a la rendición.

Tampoco rinde su libertad de pensamiento al volverse un simple seguidor. El budista mantiene su libre albedrío y desarrolla su sabiduría hasta el punto de poder volverse un Buda el mismo.

El inicio del budismo es el raciocinio o entendimiento. Busca llevarte a través del conocimiento para que encuentres con tu propia sabiduría lo que es verdad para ti en tu vida. Busca que no creas en cosas por rumores, por tradición, por miedo, o por razones externas. La verdad tiene que venir de tu interior y solo entonces tú puedes tomar una decisión de lo que es lo más correcto para ti.

Los budistas no alaban a figuras esperando favores espirituales o materiales, sino ofrecen sus respetos a lo que representa. Al ofrecer flores o incienso a una imagen, el budista siente que está en la presencia de Buda y gana inspiración por su nobleza, respira compasión sin límites, y busca seguir el ejemplo noble de Buda. Buda no otorga favores a aquellos que le rezan. Al contrario, en vez de rezos, se practica la meditación la cual lleva a un auto-control, purificación, e iluminación. La meditación no es contemplación ni mantener la mente en blanco. Es un acto de constante esfuerzo. Y funciona como un tónico para el corazón y la mente. Un budista no debe de orar para ser salvado, debe de valerse por sí mismo y ganarse su libertad.

En el budismo no hay, como lo hay en la mayoría de otras religiones, un Dios Todopoderoso a ser obedecido y temido. Un budista no es un sirviente de un poder sobrenatural que controla su destino y que lo castiga o lo premia de acuerdo a sus actos. El budismo no monopoliza la verdad ni condena a ninguna otra religión, sino reconoce las infinitas posibilidades del hombre y le enseña cómo liberarse a través de sus propios esfuerzos.

Por lo tanto, el budismo no puede ser llamado estrictamente una religión porque no es un sistema de fe o de alabanza. Pero si por religión se quiere decir “una enseñanza que ve la vida como algo más que solo superficial, que ve dentro de la vida, que le da a los hombres una guía de conducta al verse a sí mismos, y que le da el poder de enfrentar la vida con fortaleza y la muerte con serenidad, y un sistema para eliminar el sufrimiento” entonces ciertamente es una religión.

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